Si Córdoba fuera Buenos Aires, Alejandra Vigo sería Juliana Awada, la esposa de Macri, se dedicaría a tener empresas, a inflar globos de colores y a generar fuentes de trabajo esclavo. Pero como Córdoba es Córdoba, Alejandra Vigo sólo es la esposa de Juan Schiaretti. O bueno, ese al menos pareciera ser el recurso publicitario que eligió, le eligieron para esta campaña por la intendencia. El tema es que Alejandra Vigo se autoproclama en la escena política local como defensora de los derechos de las mujeres, considerandose a sí misma casi una feminista. Y lo cierto es que a mí esto me tiene un poco confundida. Es que yo nunca vi una feminista usar el apellido de su marido.
Sin embargo, en este año de incoherencias discursivas y de propuestas políticas vacías que nos toca vivir a lo cordobese y cordobesa, el caso de Alejandra Vigo resulta emblemático. Porque no se trata solamente de la feminista con apellido de casada luchando por la intendencia, sino del sometimiento de los principios de una mujer a las estrategias de campaña del creador del cordobesismo, José Manuel. El mismo que fue elegido por la mitad de los cordobeses y una semana después desplumado por el Frente para la Victoria. "Cris pasión", dijeron los cordobeses. Cris y el Modelo Nacional y Popular si me ponés la boleta a mano, José.
Ayer, jueves 18 de agosto, en el Museo de las Mujeres (donde era El Panal, al frente de la Legislatura), hubo una Jornada de Polìticas de Estado a favor de la Equidad de Género. La cosa empezaba a las 9.00 y terminaba a las 12.30 con las palabras de Alejandra Vigo, o mejor dicho, la esposa de Schiaretti, como gusta de presentarse de cara a las elecciones municipales.
Pero Alejandra faltó. O bueno, se perdió las palabras y reflexiones de cinco mujeronas, de esas que cuando hablan hacen sentir chiquito al más grandote de los hombres. Mujeres con voces roncas o agudas pero iguales de potentes, presentando una investigación sobre la cuestión de género en Córdoba. Sobre la violencia, los feminicidios, los programas sociales... denunciando la falta de igualdad de oportunidades que aún hoy existen.
Cuando la Jornada estaba terminando, se abrió la puerta del salón Las Nuestras y el locutor anunció el ingreso de Alejandra Vigo de Schiaretti, quien se dirigió al podio para reflexionar y cerrar el evento al que no había asistido. En su discurso nombró el programa Córdoba con Ellas, pensado sólo para la ciudad (porque las zonas rurales total no se ven) y puesto en marcha hace un año. Habló de Juan y sus convicciones, y de su firme creencia en la igualdad de mujeres y hombres. En un momento pensé que alguien iba a soltar globos de todos colores como los de Mauricio. Hubiera sido un excelente cierre de campaña.
Muchos y muchas se preguntan porqué si ganó José Manuel, en la misma provincia, una semana después, ganó Cristina. Los medios desplegaron un tratamiento periodístico digno de una tesis doctoral de semiótica. Sin embargo, pienso que la cosa es bastante más simple. A la hora de votar, somos una provincia incoherente.
Como el discurso de José Manuel prometiendo más viviendas que el mesías Agüero. Como Alejandra Vigo, la feminista con apellido de casada. Como Ramoncito Mestre enviando flyers de campaña desde la cuenta de Carreras.
En fin, vamos a tener durante cuatro años un gobernador que defenestra el modelo de país que el 14 de agosto pasado la mayoría de los cordobeses y cordobesas ELIGIERON.
viernes 19 de agosto de 2011
lunes 6 de junio de 2011
El faro de Schiaretti en la isla de Angeloz
Es cierto, no estamos en España… pero cuántos motivos tenemos para estar indignados! Sólo es necesario despabilarnos y desnaturalizar la incoherencia entre las palabras y las acciones de los que ocupan el poder. Como lo grita a sus 93 años Stéphane Hessel, autor de Indignaos! –el pequeño libro de 30 páginas que es best seller mundial-, asistimos a “tiempos donde aparentemente todo marcha bien, mientras que en realidad la cosa se cae a pedazos. Y esta contradicción debe ser resistida desde la indignación”.
En pleno año electoral, no es muy díficil tener motivos para indignarse. Hablando bien y pronto, podría decirse que "nos mean desde arriba y dicen que llueve". Como en el Concurso Fashion Emergency, Schiaretti está tuneando a Córdoba a diez manos. Obras por aquí, obras por allá. Una tijerita cortando cintas más acá. Máquinas trabajando sin parar. Nunca vi a esta ciudad tan llena de sueños de cemento como en los últimos tres meses.
El último de los sueños que concretaron estos locos lindos en plena campaña electoral, es acaso el más simbólico y contradictorio de todos. Es decir, se habla de crisis energética, se prohíbe la venta de bombitas incandescentes, Epec decide aumentar la tarifa un veintipico por ciento, se traen generadores eléctricos… y en la provincia más mediterránea de toda Argentina, se inaugura un FARO.
Un faro de 102 metros de altura que el día de su inauguración encandiló de tal manera a los profesionales de la comunicación presentes, que ninguno se acordó de preguntar cuánta energía hará falta para mantenerlo encendido. O si además de cocheras subterráneas, habrá que comenzar a pensar en construir un puerto en la Cañada. O si tienen pensado convertirnos en potencia marítima. O si este experimento babelístico es un homenaje encubierto a Marcelo Falo. O peor aún, a Ana María Alfaro!
Y a juzgar por el tratamiento de las noticias al otro día de inaugurado el Faro del Bicentenario, los profesionales de la comunicación tampoco se acordaron que a esa misma hora, y por primera vez en la historia de Córdoba, las mujeres que integran la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (Ammar), estaban reunidas en la Plaza de la Intendencia para celebrar el Día Internacional de la Trabajadora Sexual.
Y para reclamar por sus derechos, y por la compañera Sandra Cabrera asesinada de un balazo en la nuca en el 2007, y porque el trabajo sexual no es lo mismo que la trata de personas, y porque los prostíbulos prohibidos hace 70 años siguen funcionando en la clandestinidad y es esta clandestinidad, junto con la complicidad de la policía, la que permite que existan mujeres trabajando contra su voluntad.
No sé como habrá estado el Parque Sarmiento, pero la Plaza de la Intendencia era una fiesta. Los Cocineros hicieron estallar el bailongo. Hasta hubo trencito y ronda loca. Cuando terminaron de tocar, Eugenia Aravena, presidenta de Ammar, junto a cuatro compañeras más, se subieron al escenario dándole la espalda a la Municipalidad. Eugenia terminó cada uno de sus reclamos con la palabra CARAJO! La cosa se sintió bastante bien y gracias a la inauguración del faro hubo fuegos artificiales de prestado.
Una chica que estaba abajo del escenario comenzó como a llorar. Me dijo “no sabés lo que tuvimos que trabajar para poder estar hoy acá. Anoche nos llamaron de la Municipalidad diciendo que alguien nos había robado el escenario. Después, mágicamente, apareció. Hijos de puta… ¿Quién va querer robarse unas maderas?”.
“Será un símbolo de los cordobeses, como lo son el Monumento a la Bandera para los rosarinos y el Obelisco para los porteños”, parece que dijo Schiaretti meses antes de cortar las cintas. Lo cierto es que a mí esos 100 metros de cemento luminoso, sólo me remiten a Marcelo Falo. Es decir, no puedo pensar en ellos más que como el Monumento a la Política Ñoqui y Choripan Cordobesa.
No me malinterpreten. No estoy diciendo que el Faro del Bicentenario sea una obra poco atractiva. Tampoco niego su potencial como llamador turístico. Y es más, seguramente algún día trepe sus 480 escalones para mirar a esta preciosura que es Córdoba, como la miran Ellos: desde arriba y desde afuera, como se mira a las maquetas. Esas que hacíamos en tercer grado, con las calles de polenta y las copas de los árboles de goma espuma y los autos de juguete y los hombres de cartón.
Y para ir cerrando, los dejo con el recuerdo de aquel hombre de anteojos de marco grueso y negro, al que de vez en cuando le gustaba meter un poquito la mano en la lata. Ese señor que llegó a la gobernación con el pelo negro y se fue con el pelo blanco. Ese hombre que gritaba a los cuatro vientos que Córdoba era una isla.
Han pasado varios años, pero me lo imagino al Pocho radiante, asomándose a su balcón y mirando la luz del faro y pensando que al fin y al cabo no estaba tan equivocado con ese tema de la isla. Que si Schiaretti hizo un faro en una ciudad sin mar, será porque todavía hay políticos que ven las cosas como son.
En pleno año electoral, no es muy díficil tener motivos para indignarse. Hablando bien y pronto, podría decirse que "nos mean desde arriba y dicen que llueve". Como en el Concurso Fashion Emergency, Schiaretti está tuneando a Córdoba a diez manos. Obras por aquí, obras por allá. Una tijerita cortando cintas más acá. Máquinas trabajando sin parar. Nunca vi a esta ciudad tan llena de sueños de cemento como en los últimos tres meses.
El último de los sueños que concretaron estos locos lindos en plena campaña electoral, es acaso el más simbólico y contradictorio de todos. Es decir, se habla de crisis energética, se prohíbe la venta de bombitas incandescentes, Epec decide aumentar la tarifa un veintipico por ciento, se traen generadores eléctricos… y en la provincia más mediterránea de toda Argentina, se inaugura un FARO.
Un faro de 102 metros de altura que el día de su inauguración encandiló de tal manera a los profesionales de la comunicación presentes, que ninguno se acordó de preguntar cuánta energía hará falta para mantenerlo encendido. O si además de cocheras subterráneas, habrá que comenzar a pensar en construir un puerto en la Cañada. O si tienen pensado convertirnos en potencia marítima. O si este experimento babelístico es un homenaje encubierto a Marcelo Falo. O peor aún, a Ana María Alfaro!
Y a juzgar por el tratamiento de las noticias al otro día de inaugurado el Faro del Bicentenario, los profesionales de la comunicación tampoco se acordaron que a esa misma hora, y por primera vez en la historia de Córdoba, las mujeres que integran la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (Ammar), estaban reunidas en la Plaza de la Intendencia para celebrar el Día Internacional de la Trabajadora Sexual.
Y para reclamar por sus derechos, y por la compañera Sandra Cabrera asesinada de un balazo en la nuca en el 2007, y porque el trabajo sexual no es lo mismo que la trata de personas, y porque los prostíbulos prohibidos hace 70 años siguen funcionando en la clandestinidad y es esta clandestinidad, junto con la complicidad de la policía, la que permite que existan mujeres trabajando contra su voluntad.
No sé como habrá estado el Parque Sarmiento, pero la Plaza de la Intendencia era una fiesta. Los Cocineros hicieron estallar el bailongo. Hasta hubo trencito y ronda loca. Cuando terminaron de tocar, Eugenia Aravena, presidenta de Ammar, junto a cuatro compañeras más, se subieron al escenario dándole la espalda a la Municipalidad. Eugenia terminó cada uno de sus reclamos con la palabra CARAJO! La cosa se sintió bastante bien y gracias a la inauguración del faro hubo fuegos artificiales de prestado.
Una chica que estaba abajo del escenario comenzó como a llorar. Me dijo “no sabés lo que tuvimos que trabajar para poder estar hoy acá. Anoche nos llamaron de la Municipalidad diciendo que alguien nos había robado el escenario. Después, mágicamente, apareció. Hijos de puta… ¿Quién va querer robarse unas maderas?”.
“Será un símbolo de los cordobeses, como lo son el Monumento a la Bandera para los rosarinos y el Obelisco para los porteños”, parece que dijo Schiaretti meses antes de cortar las cintas. Lo cierto es que a mí esos 100 metros de cemento luminoso, sólo me remiten a Marcelo Falo. Es decir, no puedo pensar en ellos más que como el Monumento a la Política Ñoqui y Choripan Cordobesa.
No me malinterpreten. No estoy diciendo que el Faro del Bicentenario sea una obra poco atractiva. Tampoco niego su potencial como llamador turístico. Y es más, seguramente algún día trepe sus 480 escalones para mirar a esta preciosura que es Córdoba, como la miran Ellos: desde arriba y desde afuera, como se mira a las maquetas. Esas que hacíamos en tercer grado, con las calles de polenta y las copas de los árboles de goma espuma y los autos de juguete y los hombres de cartón.
Y para ir cerrando, los dejo con el recuerdo de aquel hombre de anteojos de marco grueso y negro, al que de vez en cuando le gustaba meter un poquito la mano en la lata. Ese señor que llegó a la gobernación con el pelo negro y se fue con el pelo blanco. Ese hombre que gritaba a los cuatro vientos que Córdoba era una isla.
Han pasado varios años, pero me lo imagino al Pocho radiante, asomándose a su balcón y mirando la luz del faro y pensando que al fin y al cabo no estaba tan equivocado con ese tema de la isla. Que si Schiaretti hizo un faro en una ciudad sin mar, será porque todavía hay políticos que ven las cosas como son.
jueves 24 de marzo de 2011
La Voz del Interior en el 76'
Memorándum Interno nº 44 del diario La Voz del Interior el
22 de abril de 1976.
"Por disposición de esta Dirección, y con motivo de las directivas del Comando del III Cuerpo de Ejército, en el día de la fecha no se deberán publicar reclamos de familiares de presuntos detenidos que deseen conocer su paradero".
Fuente: Nunca más. Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP).
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domingo 13 de marzo de 2011
Felíz día de la mujer atrasado, imbécil
Habla haciendo un chasquido de saliva que me obliga a retorcerme y a entrecerrar los ojos. No es el chasquido en sí. Eso está claro. Sino las palabras que se cuelan entre chasquido y chasquido. El olor a la decadencia en mujer. El sonido de lo que jamás quiero ser.
Está tan preocupada que se vino desde Argüello a barrio Jardín a mostrarle a su amiga, que nada tiene que ver con ella y que almuerza con nosotros, las tres opciones de vestido para el casamiento de su hija. Va sacando los “trapitos” y diciendo “este lo compré en pinchilita ahumada”.
Todos miramos con cara de desconocer o no importarnos demasiado el tal "pinchilita", entonces se adelanta y exclama: “en palermo, buenos aires!”. Después saca otro que trajo de Barcelona. Pronuncia la palabra Barcelona como si lamiera un helado de dulce de leche con nuez. Mi pequeña pony sexagenaria tiene este domingo una visible necesidad de contarnos al mundo en media hora quien es ella y que hará de su predecible vida.
Es demasiado para un domingo donde esperaba estar con mi mamá, mi tío, la amiga de mi mamá y su hija, y no con estos dos espantapájaros olor a lata de conservas. Menos que menos tener que comer indicando que vestido le queda mejor o peor al estereotipo de mujer idiota.
Mi tío y la hija de la amiga de mi mamá son discapacitados. Esta oración no tendría sentido sino fuera porque explica bastante la facilidad que tenemos en mi familia para detectar gente imbécil de una manera rápida y eficaz. Es que son años observando a los demás a través de ellos; de cómo los tratan, los saludan, los miran, les hablan, etc... miles y miles de etc más.
Hasta antes que llegaran estos esperpentos estábamos hablando sobre temas importantes como quien quería más papas fritas, lo ricas que eran esas manzanas en vinagre, lo lindo que estaba el día… El Peter Louis me pedía que le sirviera más Coca y mi mamá se reía con su amiga porque había confundido un cavaquinho (guitarrita de cuatro cuerdas) con otro instrumento que es más bien tirando a un mate con cuerdas. Alguien se levantó y puso un disco de música japonesa. Otro dijo que le parecía bien porque lo japonés está muy de moda estos días. Nos reímos todos, los que entendieron el chiste y los que no. Después sonaron tres timbrazos seguidos y llegaron ya saben quienes.
De las dos seres humanas que ingresaron llenas de vestidos de casamiento, una zafaba. Es que me hizo reír y yo a la gente que me hace reír le perdono todo, hasta que sea amiga de gente que se enorgullece de tener hijas “fashion víctim con el placard lleno de cositas de Milán” o que encaja justo en el prototipo de mujer casada, con hijos iguales a ella, católica, cordobesa, clase media, conserva, vacía, homofóbica, radical, macrista y ama de casa.
El de hoy fue el segundo ping pong de puteadas encubiertas que tuve en la semana. El primero me tocó con otra mujer, igual de pelotuda que ésta pero más graciosa -era igual a Leticia Brédice en El Elegido- que primero me pregunto mi nombre, después agregó: "¿Consuelo cuánto?" y finalmente, cuando le pregunté por el suyo respondió -muy orgullosa- su nombre seguido del apellido de casada. Por mí que use el apellido de la Mona Jiménez, me da lo mismo. Lo que no me da lo mismo es saber que de ese ser humano nacerá otro, y de ese otro , y de ese otro más, y que siempre serán iguales al primero porque de esa manera los educan: en palabras de Bourdieu, para que sigan reproduciendo habitus; en palabras mías, para que sigan reproduciendo la pelotudez de sus padres. Ése y no otro; ése es el fin del mundo.
Después de una hora quice minutos, los espantapájaros de aros y pulseras se callaron.
Mi mamá y su amiga se rieron como tres veces durante esa hora quince minutos.
El Peter Louis (traje gris y sombrero) y la Lauri, la hija de la amiga de mi mamá, estuvieron mudos.
Cuando llegó el taxi, el Peter se trepó como se trepan los gatos asustados a los árboles. Tan rápido y tan de un salto, que casi pasa de largo por la otra puerta.
Los perros, por suerte, se fueron ladrando en su auto.*
Está tan preocupada que se vino desde Argüello a barrio Jardín a mostrarle a su amiga, que nada tiene que ver con ella y que almuerza con nosotros, las tres opciones de vestido para el casamiento de su hija. Va sacando los “trapitos” y diciendo “este lo compré en pinchilita ahumada”.
Todos miramos con cara de desconocer o no importarnos demasiado el tal "pinchilita", entonces se adelanta y exclama: “en palermo, buenos aires!”. Después saca otro que trajo de Barcelona. Pronuncia la palabra Barcelona como si lamiera un helado de dulce de leche con nuez. Mi pequeña pony sexagenaria tiene este domingo una visible necesidad de contarnos al mundo en media hora quien es ella y que hará de su predecible vida.
Es demasiado para un domingo donde esperaba estar con mi mamá, mi tío, la amiga de mi mamá y su hija, y no con estos dos espantapájaros olor a lata de conservas. Menos que menos tener que comer indicando que vestido le queda mejor o peor al estereotipo de mujer idiota.
Mi tío y la hija de la amiga de mi mamá son discapacitados. Esta oración no tendría sentido sino fuera porque explica bastante la facilidad que tenemos en mi familia para detectar gente imbécil de una manera rápida y eficaz. Es que son años observando a los demás a través de ellos; de cómo los tratan, los saludan, los miran, les hablan, etc... miles y miles de etc más.
Hasta antes que llegaran estos esperpentos estábamos hablando sobre temas importantes como quien quería más papas fritas, lo ricas que eran esas manzanas en vinagre, lo lindo que estaba el día… El Peter Louis me pedía que le sirviera más Coca y mi mamá se reía con su amiga porque había confundido un cavaquinho (guitarrita de cuatro cuerdas) con otro instrumento que es más bien tirando a un mate con cuerdas. Alguien se levantó y puso un disco de música japonesa. Otro dijo que le parecía bien porque lo japonés está muy de moda estos días. Nos reímos todos, los que entendieron el chiste y los que no. Después sonaron tres timbrazos seguidos y llegaron ya saben quienes.
De las dos seres humanas que ingresaron llenas de vestidos de casamiento, una zafaba. Es que me hizo reír y yo a la gente que me hace reír le perdono todo, hasta que sea amiga de gente que se enorgullece de tener hijas “fashion víctim con el placard lleno de cositas de Milán” o que encaja justo en el prototipo de mujer casada, con hijos iguales a ella, católica, cordobesa, clase media, conserva, vacía, homofóbica, radical, macrista y ama de casa.
El de hoy fue el segundo ping pong de puteadas encubiertas que tuve en la semana. El primero me tocó con otra mujer, igual de pelotuda que ésta pero más graciosa -era igual a Leticia Brédice en El Elegido- que primero me pregunto mi nombre, después agregó: "¿Consuelo cuánto?" y finalmente, cuando le pregunté por el suyo respondió -muy orgullosa- su nombre seguido del apellido de casada. Por mí que use el apellido de la Mona Jiménez, me da lo mismo. Lo que no me da lo mismo es saber que de ese ser humano nacerá otro, y de ese otro , y de ese otro más, y que siempre serán iguales al primero porque de esa manera los educan: en palabras de Bourdieu, para que sigan reproduciendo habitus; en palabras mías, para que sigan reproduciendo la pelotudez de sus padres. Ése y no otro; ése es el fin del mundo.
Después de una hora quice minutos, los espantapájaros de aros y pulseras se callaron.
Mi mamá y su amiga se rieron como tres veces durante esa hora quince minutos.
El Peter Louis (traje gris y sombrero) y la Lauri, la hija de la amiga de mi mamá, estuvieron mudos.
Cuando llegó el taxi, el Peter se trepó como se trepan los gatos asustados a los árboles. Tan rápido y tan de un salto, que casi pasa de largo por la otra puerta.
Los perros, por suerte, se fueron ladrando en su auto.*
lunes 14 de febrero de 2011
Historias reales de San Valentín
Este es un momento de gente común durante una fecha de mierda que, si Dios y los Mayas quieren, no tendremos que volver a presenciar jamás.
“Si el bebé sigue llorando así, me voy a lo de Carlos. Qué grande el Charly! Qué bien que la hizo! Puto, sin mujeres y sin chicos. La felicidad. Acá en cambio no se puede ni comer… ¡Hace algo con ese chico, Viviaaaana!”, grita Omar sin dejar de masticar.
- Sí, sí. Ahora lo tiro por el balcón. Si querés subí el volumen del televisor así no escuchas cuando se estampa contra la calle y lo pisan los autos -dice Viviana riendose del enojo inminente de su marido.
- No te hagas la graciosa Viviana que te queda mal. Sabés que vuelvo reventado de trabajar y que lo único que pido es un poco de paz. ¿Tan díficil es, eh? ¿Tan díficil?
- No, te digo que es re fácil. Lo tiro por el balcón. Eso sí, vos después lo recogés. Tampoco puedo andar haciendo todo yo.
- A veces me pregunto que te vi. Qué te viiii Vivianaa? Cómo no le hice caso a tu viejo cuando me dijo que NO LO HICIERA desde la otra punta de la iglesia. Así me hizo! -Omar mueve la cabeza de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, como en cámara lenta-.
Viviana se da vuelta y se vuelve despacio, muy despacio, hacia Omar. Hay secretos que la enternecen y ése es uno de los tantos que tiene guardados. Nunca le va a decir a Omar que su papá hacía ASÍ con la cabeza porque no podía creer que ese metro setenta de smoking celeste, fuera su futuro yerno.
Viviana camina hacia él como cuando eran jóvenes y no tenían hijos. Como cuando esperaban a que los padres de ella se durmieran para quedarse solos y hacer todo lo que no habían podido hacer durante el día. Camina hacia Omar agachando la cabeza, mirándolo fijo, sacándose el delantal y empujándolo a hacer eso que hace tanto que no hacen. Recordándole a besos hechos de mordiscos “que fue lo que le vio”.
Pero el monstruo dormido en el coche se despierta y empieza de nuevo a llorar! Llora como lloran los bebés, con esa impunidad que les da su condición de “no entiendo nada, soy chiquito, indefenso y frágil”. Ay sí, cómo no, ellos los señoritos inocentes arruinadores de momentos perfectos.
Ella corre hacia el coche buscando acallar al monstruo y Omar corre hacia ella buscando aunque sea arañar el momento que acaba de irse. La abraza, la aleja para mirarla bien, y como jugándose la última carta le suelta:
-Felíz día de los enamorados, mi amor. Gracias por la cena. Estuvo muy rica, aunque que le faltó un poco de sal - dice sonriendo.
-Sí, como a vos cuando coges- responde ella, también sonriendo.
El perro lo mira a Omar. Omar la mira a Viviana. Viviana lo mira al bebé. Y el bebé lo mira al perro. Es la historia de nunca acabar: el maravilloso cinismo de las mujeres cuando se convierten en madres, sólo es comparable al maravilloso cinismo de las mujeres cuando dejan de ser hijas.
Omar desoye el cumplido y la besa en la frente y después más abajo. Pero el segundo ya pasó y Viviana lo mira de esa forma en que se mira a los pacientes en estado crítico. Sus tiempos últimamente nunca son los mismos, ni siquiera los 14 de febrero, cuando todas las parejas del mundo cenan y cogen casi por decreto.
“No te preocupes, mi amor. Lo dejamos para otro día. Esto de tener que coger hoy, es algo puramente comercial”, dice Viviana. Y se va a dormir. Así, como si nada.
(y fueron re felices, te juro)
Nota cortita como muñón de enano: A veces cuando estoy muy al pedo se me ocurren ideas briyantes como subir este tipo de post's al bloc de Punto a Punto, en donde como un resquicio de mis épocas en dicha revista, figuro en el staff como colaboradora (a frecuencia de una vez por año, y menos).
“Si el bebé sigue llorando así, me voy a lo de Carlos. Qué grande el Charly! Qué bien que la hizo! Puto, sin mujeres y sin chicos. La felicidad. Acá en cambio no se puede ni comer… ¡Hace algo con ese chico, Viviaaaana!”, grita Omar sin dejar de masticar.
- Sí, sí. Ahora lo tiro por el balcón. Si querés subí el volumen del televisor así no escuchas cuando se estampa contra la calle y lo pisan los autos -dice Viviana riendose del enojo inminente de su marido.
- No te hagas la graciosa Viviana que te queda mal. Sabés que vuelvo reventado de trabajar y que lo único que pido es un poco de paz. ¿Tan díficil es, eh? ¿Tan díficil?
- No, te digo que es re fácil. Lo tiro por el balcón. Eso sí, vos después lo recogés. Tampoco puedo andar haciendo todo yo.
- A veces me pregunto que te vi. Qué te viiii Vivianaa? Cómo no le hice caso a tu viejo cuando me dijo que NO LO HICIERA desde la otra punta de la iglesia. Así me hizo! -Omar mueve la cabeza de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, como en cámara lenta-.
Viviana se da vuelta y se vuelve despacio, muy despacio, hacia Omar. Hay secretos que la enternecen y ése es uno de los tantos que tiene guardados. Nunca le va a decir a Omar que su papá hacía ASÍ con la cabeza porque no podía creer que ese metro setenta de smoking celeste, fuera su futuro yerno.
Viviana camina hacia él como cuando eran jóvenes y no tenían hijos. Como cuando esperaban a que los padres de ella se durmieran para quedarse solos y hacer todo lo que no habían podido hacer durante el día. Camina hacia Omar agachando la cabeza, mirándolo fijo, sacándose el delantal y empujándolo a hacer eso que hace tanto que no hacen. Recordándole a besos hechos de mordiscos “que fue lo que le vio”.
Pero el monstruo dormido en el coche se despierta y empieza de nuevo a llorar! Llora como lloran los bebés, con esa impunidad que les da su condición de “no entiendo nada, soy chiquito, indefenso y frágil”. Ay sí, cómo no, ellos los señoritos inocentes arruinadores de momentos perfectos.
Ella corre hacia el coche buscando acallar al monstruo y Omar corre hacia ella buscando aunque sea arañar el momento que acaba de irse. La abraza, la aleja para mirarla bien, y como jugándose la última carta le suelta:
-Felíz día de los enamorados, mi amor. Gracias por la cena. Estuvo muy rica, aunque que le faltó un poco de sal - dice sonriendo.
-Sí, como a vos cuando coges- responde ella, también sonriendo.
El perro lo mira a Omar. Omar la mira a Viviana. Viviana lo mira al bebé. Y el bebé lo mira al perro. Es la historia de nunca acabar: el maravilloso cinismo de las mujeres cuando se convierten en madres, sólo es comparable al maravilloso cinismo de las mujeres cuando dejan de ser hijas.
Omar desoye el cumplido y la besa en la frente y después más abajo. Pero el segundo ya pasó y Viviana lo mira de esa forma en que se mira a los pacientes en estado crítico. Sus tiempos últimamente nunca son los mismos, ni siquiera los 14 de febrero, cuando todas las parejas del mundo cenan y cogen casi por decreto.
“No te preocupes, mi amor. Lo dejamos para otro día. Esto de tener que coger hoy, es algo puramente comercial”, dice Viviana. Y se va a dormir. Así, como si nada.
(y fueron re felices, te juro)
Nota cortita como muñón de enano: A veces cuando estoy muy al pedo se me ocurren ideas briyantes como subir este tipo de post's al bloc de Punto a Punto, en donde como un resquicio de mis épocas en dicha revista, figuro en el staff como colaboradora (a frecuencia de una vez por año, y menos).
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viernes 26 de noviembre de 2010
Los hombres con "e" en sus nombres
Los hombres con "e" en sus nombres son los niños y la lluvia en mi parque de diversiones. Puedo verlos sonriendo y con los ojos cerrados deslizándose en picada por la montaña rusa de mi espalda destartalada. Puedo prestarles mis piernas y dejar que las usen como rieles desvencijados de un tren fantasma que dosifica el espanto y la risa en portazos.
Soy un parque de diversiones viajando a contramano. Algunas veces llevo mis encantos a pueblos olvidados donde la gente usa musculosa y sale a tomar fresco en el verano. Me esperan ansiosos, con la plata de los boletos en las manos. Y con sus niños peinados como se peina a los niños de los pueblos olvidados en verano. Pelo corto y raya al medio o al costado.
A los dos meses comienzo a desarmar mis juegos. Lo hago despacio y en puntas de pié. No sea cosa que los cinco caballos y los dos elefantes que duermen en la calesita se despierten y se pongan a llorar y me pidan que me quede. Que los chicos no tienen la culpa de mi aburrimiento. Que dónde se ha visto que un parque de diversiones ande alegrando y escapándose así como así por todos lados. Me molesta que me digan esas cosas. Por eso siempre desarmo la calesita al final y lo más rápido que puedo.
A los dos meses comienzo a desarmar mis juegos. Lo hago despacio y en puntas de pié. No sea cosa que los cinco caballos y los dos elefantes que duermen en la calesita se despierten y se pongan a llorar y me pidan que me quede. Que los chicos no tienen la culpa de mi aburrimiento. Que dónde se ha visto que un parque de diversiones ande alegrando y escapándose así como así por todos lados. Me molesta que me digan esas cosas. Por eso siempre desarmo la calesita al final y lo más rápido que puedo.
Ellos no entienden que los parques de diversiones necesitan volver al lugar donde viven los hombres con "e" en sus nombres. Aunque en ese lugar llueva casi todo el año y aunque el telecombate, el gusano loco, el twister, los autitos chocadores, el tren fantasma y la calesita (siempre al último porque ya les dije lo que hacen esos desgraciados de los elefantes y los caballos), se mueran de tristeza y se oxiden bajo el agua.
Es que los hombres con "e" en sus nombres trepan diez pisos para comprar todos los boletos de este parque destrozado. Les gusta jugar a que en algún barrio de Córdoba y a 40 metros del suelo, hay una franja de cielo toda para ellos esperándolos.
Ahora uno de los hombres con "e" en sus nombres, llora. Come y llora.
- ¿Por qué llorás?
Es que los hombres con "e" en sus nombres trepan diez pisos para comprar todos los boletos de este parque destrozado. Les gusta jugar a que en algún barrio de Córdoba y a 40 metros del suelo, hay una franja de cielo toda para ellos esperándolos.
Ahora uno de los hombres con "e" en sus nombres, llora. Come y llora.
- ¿Por qué llorás?
- Por lo mismo de siempre.
- Sí, ya sé.
Mi respuesta es automática. Un comportamiento aprendido. Un acto reflejo. Una mentira. No tengo idea de por qué llora Esteban. Mi única certeza es que según él, yo ya lo sé y no tiene sentido repetirlo. Su llanto me desconcierta. Ni siquiera me duele, me desconcierta. Me cuesta entender, por ejemplo, que llore al verme comer un lomito de mollejas. Yo me hago la disimulada y sigo comiendo. Eso sí, adopto una postura un poco más compungida, un poco menos contenta.
Esteban tose y se seca las lágrimas con los índices y el vértice interno de los codos. Le quiero sacar una foto así: apoyado contra la pared de su piel y contando para que yo corra y me esconda de él lo mejor que pueda. Y si es posible que grite "piedra libre para todos los compas!" y me salve yo y a todos los que juegan conmigo. Me escondo detrás de mi vaso. Me hago la que tomo sólo para taparme la cara y poderlo mirar sin que vea que lo estoy mirando.
Por la franja de cielo de mi balcón, pasa un avión. Levanto los brazos y comienzo a agitarlos para que me salude. Tengo la esperanza de que mis ojos maltrechos alcancen a ver ese chisporroteo de luces. Los caballos y los elefantes oxidados se ríen de mí.
Estúpidos. No entienden nada. Por eso siempre vuelvo a los hombres con "e" en sus nombres. Porque no se ríen de esas cosas. Y porque además, además están peinados como se peina a los niños de los pueblos olvidados en verano. Pelo corto y raya al medio o al costado.
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Esteban tose y se seca las lágrimas con los índices y el vértice interno de los codos. Le quiero sacar una foto así: apoyado contra la pared de su piel y contando para que yo corra y me esconda de él lo mejor que pueda. Y si es posible que grite "piedra libre para todos los compas!" y me salve yo y a todos los que juegan conmigo. Me escondo detrás de mi vaso. Me hago la que tomo sólo para taparme la cara y poderlo mirar sin que vea que lo estoy mirando.
Por la franja de cielo de mi balcón, pasa un avión. Levanto los brazos y comienzo a agitarlos para que me salude. Tengo la esperanza de que mis ojos maltrechos alcancen a ver ese chisporroteo de luces. Los caballos y los elefantes oxidados se ríen de mí.
Estúpidos. No entienden nada. Por eso siempre vuelvo a los hombres con "e" en sus nombres. Porque no se ríen de esas cosas. Y porque además, además están peinados como se peina a los niños de los pueblos olvidados en verano. Pelo corto y raya al medio o al costado.
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domingo 7 de noviembre de 2010
Hoy
La sensación de poder contra todo aunque estemos despedazados. La sensación de decir lo que pensamos sin que nadie ni nada nos importe. La libertá de decir algo porque sí. Porque tengo ganas de decirlo y porque hoy es un buen dia para eso. Aunque afuera la gente se esconda del sol. Aunque estos días la vida se ensañe en transcurrir como una lengua babosa exigiendonos besos que no pensamos darle.
Una acuarela de Florencia con un balcón repleto de flores coloradas de santa rita. Las mismas flores que regué para que vieras vos. Las mismas flores que desde los balcones de Cartagena me gritaban tu nombre. Y las mismas, exactamente las mismas, que hoy reposan en esta acuarela que me trajiste de regalo y que con los ojos empapados decidí guardar en mi placard, lejos de todos los ojos, incluidos los mios.
Mi mamá me regalo una santa rita para mi casa nueva. Tiene las flores violetas tirando a rosa. Cuando me la dio le dije que estaba linda pero que a mi me gustaban mas las coloradas. Cuando uno se separa comienza a entender todo como señales para elaborar el duelo final. Asi fue como entendí que esas flores en mi balcón tenían el nombre de mi mama, de mis raíces, de mi gestación, y no de tu boca. De esa boca tantas, tantísimas veces, besada. De tu sonrisa de costado, desganada, irónica, hermosamente hermosa.
Ahora soy yo. Yo y mis piernas desnudas en una casa toda para mí. Yo, mi música, mis cigarrillos a cualquier hora , mi cerveza inrevelada, mi tranquilidad aturdidora. Mis momentos de extrema felicidad a solas. Pero y vos? Acaso es lo que realmente quiero? Vivir son vos? Es eso? Cómo se hace para ser uno mismo sin vos? Cómo se hace para sentir que todo lo que uno hace es porque quiere y no porque está rebelado con lo que nos contaron que era la vida?
El redescubrimiento. El encuentro conmigo misma después de doce años. El miedo a lo que soy y a lo que puedo ser. El enfrentamiento con los que uno quiere y no quieren ni pueden entender que uno es la misma persona, solo que sin el efecto de la anestesia de tus brazos. El miedo a comenzar un viaje de ida sin mochilas y sin países. El miedo a vivir en el lugar donde fuimos gestados. Sería más fácil llegar a Asia, cruzar mares, rutas inciertas, cargar 20 kilos en mis espaldas, tener hemorroides dos meses, estar internada en un hospital de mala muerte, tener miedo de cruzar el Caribe, conseguir un trabajo medianamente normal, no renunciar a la semana, levantar un hogar nuevo...todo eso es mucho más fácil que saber cómo mierda se hace para vivir sin vos y sin todo eso que sabiendo que detesto y me hace mal, insisto en creer que adoro y me hace bien.
Fue una elección compartida. Al igual que ponernos esos anillos rídiculos que nada dijeron y que ni siquiera cuando estábamos juntos sentía cómodo usar. Ese mismo anillo que hoy reposa en una de las tantas bolsas en las que se convirtió mi vida. Es un viaje de ida. De eso estoy segura. El probar. El ensayar. El poder decir lo hice porque se me cantaba el orto y lo sentía y no me arrepiento. El haber sido extremadamente felíz por animarme. Como me animé a asumir que no eras para mí. Ahora escucho Hot Chip, la música que un chico de mirada afiebrada me hizo conocer. Está buenísimo. Pero pasa un rato y pongo José Luis Perales. En las mudanzas aparecen cosas insólitas que sin permiso se ponen a recordarnos quienes fuimos alguna vez. Ahora, te veo. Estás enojado porque la casa está dada vuelta, la Rita se comió las plantas y yo acabo de abrirme otra cerveza. Acaso nuestros problemas eran tan pelotudos? Sí, parece que sí. Pero al fin y al cabo de eso se trata la cosa, de ser fieles con aquellas pequeñas pelotudeces o no, en las que creemos y que, sabemos, necesitamos para sentirnos libres y felices más allá del otro.
Una acuarela de Florencia con un balcón repleto de flores coloradas de santa rita. Las mismas flores que regué para que vieras vos. Las mismas flores que desde los balcones de Cartagena me gritaban tu nombre. Y las mismas, exactamente las mismas, que hoy reposan en esta acuarela que me trajiste de regalo y que con los ojos empapados decidí guardar en mi placard, lejos de todos los ojos, incluidos los mios.
Mi mamá me regalo una santa rita para mi casa nueva. Tiene las flores violetas tirando a rosa. Cuando me la dio le dije que estaba linda pero que a mi me gustaban mas las coloradas. Cuando uno se separa comienza a entender todo como señales para elaborar el duelo final. Asi fue como entendí que esas flores en mi balcón tenían el nombre de mi mama, de mis raíces, de mi gestación, y no de tu boca. De esa boca tantas, tantísimas veces, besada. De tu sonrisa de costado, desganada, irónica, hermosamente hermosa.
Ahora soy yo. Yo y mis piernas desnudas en una casa toda para mí. Yo, mi música, mis cigarrillos a cualquier hora , mi cerveza inrevelada, mi tranquilidad aturdidora. Mis momentos de extrema felicidad a solas. Pero y vos? Acaso es lo que realmente quiero? Vivir son vos? Es eso? Cómo se hace para ser uno mismo sin vos? Cómo se hace para sentir que todo lo que uno hace es porque quiere y no porque está rebelado con lo que nos contaron que era la vida?
El redescubrimiento. El encuentro conmigo misma después de doce años. El miedo a lo que soy y a lo que puedo ser. El enfrentamiento con los que uno quiere y no quieren ni pueden entender que uno es la misma persona, solo que sin el efecto de la anestesia de tus brazos. El miedo a comenzar un viaje de ida sin mochilas y sin países. El miedo a vivir en el lugar donde fuimos gestados. Sería más fácil llegar a Asia, cruzar mares, rutas inciertas, cargar 20 kilos en mis espaldas, tener hemorroides dos meses, estar internada en un hospital de mala muerte, tener miedo de cruzar el Caribe, conseguir un trabajo medianamente normal, no renunciar a la semana, levantar un hogar nuevo...todo eso es mucho más fácil que saber cómo mierda se hace para vivir sin vos y sin todo eso que sabiendo que detesto y me hace mal, insisto en creer que adoro y me hace bien.
Fue una elección compartida. Al igual que ponernos esos anillos rídiculos que nada dijeron y que ni siquiera cuando estábamos juntos sentía cómodo usar. Ese mismo anillo que hoy reposa en una de las tantas bolsas en las que se convirtió mi vida. Es un viaje de ida. De eso estoy segura. El probar. El ensayar. El poder decir lo hice porque se me cantaba el orto y lo sentía y no me arrepiento. El haber sido extremadamente felíz por animarme. Como me animé a asumir que no eras para mí. Ahora escucho Hot Chip, la música que un chico de mirada afiebrada me hizo conocer. Está buenísimo. Pero pasa un rato y pongo José Luis Perales. En las mudanzas aparecen cosas insólitas que sin permiso se ponen a recordarnos quienes fuimos alguna vez. Ahora, te veo. Estás enojado porque la casa está dada vuelta, la Rita se comió las plantas y yo acabo de abrirme otra cerveza. Acaso nuestros problemas eran tan pelotudos? Sí, parece que sí. Pero al fin y al cabo de eso se trata la cosa, de ser fieles con aquellas pequeñas pelotudeces o no, en las que creemos y que, sabemos, necesitamos para sentirnos libres y felices más allá del otro.
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Separeiyon,
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